La primera vez que te vi fue en un concierto, concretamente en uno tuyo.
No sabía quién eras, ni de dónde, ni tu nombre, pero causaste impacto en mí con sólo pisar el escenario. Cerré los ojos cuando empezaste a cantar, y cuando quise abrirlos sentí que me estabas mirando, a mi, entre toda la multitud, dedicándome cada nota de cada canción. Así que no sé si me enamoré primero de tu música o de ti, o de la mezcla de ambas.
Sí, yo tampoco sé cómo es posible que sin conocerte de nada empezaras a gustarme, ahí subido, cumpliendo un sueño, pero fue como si ya te conociese de antes. Sentí algo extraño, algo así como ganas de vomitar aunque suene poco romántico, pero era a la vez agradable.
Te vi desnudar tu alma al ritmo de las canciones, te vi un ser imperfecto, sensible, artístico, especial. Supe que eras especial, y la verdad es que no me equivoqué.
La primera vez que hablé contigo fue en un semáforo, mientras deseaba con todas mis fuerzas que nunca llegase a ponerse en verde. Me dedicaste una sonrisa, dos besos y tres palabras: "encantado de conocerte" Y entonces el semáforo cambió de color una y otra, y otra vez, pero nosotros seguíamos inmóviles y absortos a lo que el otro contaba. Me agarraste por la cintura y empecé a temblar y agaradecer a cada segundo aquel atrevimiento tan sublime.
El semáforo volvió a cambiar de color y mientras la luna nos veía despedirnos desde lo alto de la noche, arrugaste mi camiseta con una mano, como si no quisieras soltarme, pero lo hiciste y cada uno tomó un camino diferente.
La primera vez que supe que esa sería la última vez fue esa misma noche, camino a casa en el metro cabizbaja y absorta en letras de canciones y con esa sonrisilla tonta que se fue apagando a medida que la realidad iba cobrando vida en mi. Quería más, quería mucho más, pero Madrid fue esa noche ciudad de paso y tu olor fue desapareciendo de mi pelo a medida que recorrías kilómetros con la guitarra en la mano y un par de cuadernos viejos y garabateados .
Espero que escribas sobre mí,
porque yo cumplo mis promesas
y algún día
quiero llorar con canciones
que hablen sobre magia
de imposibles y rotos
y sí
canciones que hablen de mí.
miércoles, 17 de junio de 2015
miércoles, 27 de mayo de 2015
Mentes brillantes pero perversas.
No sé cómo empezar, ni sé cómo empezó.
Nos perdimos una noche por el centro de Madrid ; hay callejones que irradian poesía en cada rincón.
Paseamos por los bares con un par de cervezas de más y música indie como banda sonora.
Miedos burbujeantes en el centro de mi estómago y las pupilas dilatadas por el alcohol.
Ibamos cerrando los bares pero la noche nos abría camino.
Hubo beso, como si de una comedia romántica se tratase, yo intenté buscar palabras bonitas para adornar mis sentimientos, pero la risa se apoderaba del momento.
El misterio que envolvía todo aquello lo hacía aún más excitante. Siempre me atren las mentes brillantes, el problema es que todas son a su vez perversas.
Hicimos un pacto de noctámbulos y soñadores, y acabamos en un cementerio de deseos perdidos y promesas rotas.
Amar intensamente nos salió mal, porque todas las flores por muy hermosas que sean se marchitan.
E intensamente acechan los recuerdos, que son eternos, pero no por ello duelen menos. Llorar nos hace más humanos, siempre llego a la misma conclusión. Me besaste el alma, cosas de la vida.
Y aquí estamos, como si la noche nos hiciese poetas por escribir cuatro versos ahogados, como si lo mío doliese más por garabatear un par de hojas sueltas.
No sé, puede que no esté acostumbrada a perder(te).
Nos perdimos una noche por el centro de Madrid ; hay callejones que irradian poesía en cada rincón.
Paseamos por los bares con un par de cervezas de más y música indie como banda sonora.
Miedos burbujeantes en el centro de mi estómago y las pupilas dilatadas por el alcohol.
Ibamos cerrando los bares pero la noche nos abría camino.
Hubo beso, como si de una comedia romántica se tratase, yo intenté buscar palabras bonitas para adornar mis sentimientos, pero la risa se apoderaba del momento.
El misterio que envolvía todo aquello lo hacía aún más excitante. Siempre me atren las mentes brillantes, el problema es que todas son a su vez perversas.
Hicimos un pacto de noctámbulos y soñadores, y acabamos en un cementerio de deseos perdidos y promesas rotas.
Amar intensamente nos salió mal, porque todas las flores por muy hermosas que sean se marchitan.
E intensamente acechan los recuerdos, que son eternos, pero no por ello duelen menos. Llorar nos hace más humanos, siempre llego a la misma conclusión. Me besaste el alma, cosas de la vida.
Y aquí estamos, como si la noche nos hiciese poetas por escribir cuatro versos ahogados, como si lo mío doliese más por garabatear un par de hojas sueltas.
No sé, puede que no esté acostumbrada a perder(te).
jueves, 7 de mayo de 2015
Espías de sus propias vidas.
Hubo un tiempo en el que te convertiste en espía.
No solo mirabas, veías. Eras capaz de coleccionar momentos que pasaban por alto en vidas ajenas.
A veces parecía que formabas parte de ellos. Sólo era una ilusión.
Durante ese tiempo te alimentaste de ilusiones, quisiste creer que eras feliz.
Empezaste a anotarlo todo, y lo que parecían garabatos acabaron convirtiéndose en sueños incumplidos, corazones rotos y problemas no resueltos. Jamás entendí qué atractivo había en todo aquello, al menos hasta el día en que me invitaste a entrar en tu pequeño mundo de ilusiones e imposibles. Seguía sin entenderlo pero, joder, no quería salir de él. Fuimos cómplices de historias y deseos, desengaños y recuerdos que flotaban en tazas de café de una vajilla vieja e incompleta. Dejamos de ser espías, y casi sin darnos cuenta nos convertimos en protagonistas.
Todo aquello era tan nuevo para nosotros que no supimos cómo hacerlo. Hay cosas que asusta ver, y sentir. Y yo veía tu alma al mirarte a los ojos. No necesitábamos apenas palabras. Y entonces ocurrió. Lo supiste con sólo mirarme, lo supiste escuchándome latir pero no fue suficiente, quise gritarlo: "Te quiero". Como si al decirlo en voz alta fuese más real. Y la realidad me dio una hostia enorme. No hizo falta nada más que la ausencia de tus ojos posados sobre los míos, sé que puede sonar cursi viniendo de una espía, pero no encontraría palabras más superlativas para describir ese momento. Cómo al girar la cabeza te vi huyendo de un corazón a medio latir.
Esa tarde cogí el metro rota y cabizbaja, con la esperanza de llegar a "Olvido", pero esa estación no estaba en ninguna línea.
Y luego botellas y colillas de cigarro y todas esas cosas que hacen que dejes de parecer una espía sexy. Pero qué más da, ya no quería ser espía, en cualquier caso era muy impaciente, esa no era mi función. Estuve flotando entre poemas, canciones y películas ochenteras hasta que se activó una alarma. Un chute de adrenalina para mi cuerpo.
Tuve miedo de volver a perderme y perderte, miedo de perdernos a nosotros. Más que eso, estaba acojonada, pero la excitación que me producía todo aquello lo compensaba.
En fin, allí estaba yo, de vuelta al punto de partida, con los pies clavados en el suelo y las entrañas como un flan.
"No quise irme. No quise dejarte ir. No así"
Lo único que se me pasó por la cabeza fue que me cortaría un dedo si me lo pidiese. Estúpida y morbosa aspirante a protagonista...
"Yo soy más feliz cuando tu me miras" es todo lo que conseguí decir.
Y no hizo falta decir más.
martes, 7 de abril de 2015
¿Qué viste en ella?
Pues... verá... no sabría decirle con certeza.
Yo siempre fui de los que se sienta en el banquillo, jamás habría soñado formar parte de ella.
Aunque no lo crea, no era de ese tipo de chicas que intenta ser el centro de atención, ya sabe, de esas que usan minifalda con el único propósito de acaparar las miradas ajenas. Ella no era así, y sin embargo, por mucho que tratara de pasar desapercibida, le era prácticamente imposible.
Eres tonto si no te giras para mirar su culo cuando pasa. Joder su culo... una verdadera obra de arte. ¡Qué digo, toda ella es arte! Y risa, y hambre, y ganas. Y contemplarla es... como un orgasmo visual, lo juro, no exagero cuando le digo que la primera vez que la vi no supe reaccionar, que casi muero en un intento por acercarme a ella. Y si entramos en detalles, lo primero que me cautivó fue el olor de su pelo movido por la suave brisa primaveral, que su piel era tanto blanca como dorada bajo el sol, y cómo no, el brillo de sus ojos, tan llenos de vida. Toda ella era como un sueño tan perfecto, que a veces dudaba si era real. Y entonces me di cuenta de que no despertaba, que ciertas cosas son posibles, y no lo creí hasta que la conocí a ella.
Usted me pregunta si la echo de menos, pero es mucho más que eso: a día de hoy mataría por ver una sonrisa escondida en la comisura de sus labios por última vez. Algunos lo llaman amor ¿sabe?, pero yo prefiero llamarlo magia. Magia dulce son sabor a fresas y a canela. Y claro, echo de menos volar con ella, teletransportarnos a galaxias lejanas sin salir de la cama o ver las estrellas bajo las sábanas.
A mí personalmente, me hacía tener un hambre voraz cada vez que la veía, me encendía como a una hoguera cuando se dejaba caer el tirante de la camiseta y me miraba sujerente apoyada en la puerta. Y juro que dejaba de ser yo y me entregaba completamente a ella.
Y nunca tuve miedo de decírselo, porque era verdad: era mi dueña. Aún lo es, y a menudo pienso que siempre será así. Que una parte de mi es suya, y por mí, que se la quede.
En fin...jugó conmigo de mil maneras, por dentro y por fuera, pero ya sabe lo que dicen, eso de que "no hay más ciego que el que no quiere ver" Y yo sólo la veía a ella. Y no podía dejar de hacerlo, siempre acababa rindiéndome a sus encantos de Diosa. Sabía cómo manejarme, tras esa pose dulce y angelical que te atre al principio, se escondía una pantera, una bestia hermosa, poderosa e inteligente.
Me enroscaba entre sus largas piernas y yo me volvía adicto, sediento de sus besos, sumiso a sus caderas. Es ese tipo de mujer que te hace sentir mejor, no sabes qué hace, ni cómo lo hace, pero le suplicas que no deje de hacerlo.
Así que no me juzgue, cualquiera en su sano juicio se habría vuelto loco por ella.
En un abrir y cerrar de ojos mi sueño se convirtió en pesadilla. Se fue. Se esfumó sin dejar rastro, típico de ella: entró en mi vida por la puerta grande, y así se fue. No sé cuánto tiempo estuvimos juntos, porque perdía la noción, pero por si no lo dije, la conocí en marzo.
Y dicho esto, señor agente, créame cuando le digo que no he tenido nada que ver con su desaparición, si supiese dónde está, ya habría ido a buscarla.
Mi corazón se seca con su ausencia.
Yo siempre fui de los que se sienta en el banquillo, jamás habría soñado formar parte de ella.
Aunque no lo crea, no era de ese tipo de chicas que intenta ser el centro de atención, ya sabe, de esas que usan minifalda con el único propósito de acaparar las miradas ajenas. Ella no era así, y sin embargo, por mucho que tratara de pasar desapercibida, le era prácticamente imposible.
Eres tonto si no te giras para mirar su culo cuando pasa. Joder su culo... una verdadera obra de arte. ¡Qué digo, toda ella es arte! Y risa, y hambre, y ganas. Y contemplarla es... como un orgasmo visual, lo juro, no exagero cuando le digo que la primera vez que la vi no supe reaccionar, que casi muero en un intento por acercarme a ella. Y si entramos en detalles, lo primero que me cautivó fue el olor de su pelo movido por la suave brisa primaveral, que su piel era tanto blanca como dorada bajo el sol, y cómo no, el brillo de sus ojos, tan llenos de vida. Toda ella era como un sueño tan perfecto, que a veces dudaba si era real. Y entonces me di cuenta de que no despertaba, que ciertas cosas son posibles, y no lo creí hasta que la conocí a ella.
Usted me pregunta si la echo de menos, pero es mucho más que eso: a día de hoy mataría por ver una sonrisa escondida en la comisura de sus labios por última vez. Algunos lo llaman amor ¿sabe?, pero yo prefiero llamarlo magia. Magia dulce son sabor a fresas y a canela. Y claro, echo de menos volar con ella, teletransportarnos a galaxias lejanas sin salir de la cama o ver las estrellas bajo las sábanas.
A mí personalmente, me hacía tener un hambre voraz cada vez que la veía, me encendía como a una hoguera cuando se dejaba caer el tirante de la camiseta y me miraba sujerente apoyada en la puerta. Y juro que dejaba de ser yo y me entregaba completamente a ella.
Y nunca tuve miedo de decírselo, porque era verdad: era mi dueña. Aún lo es, y a menudo pienso que siempre será así. Que una parte de mi es suya, y por mí, que se la quede.
En fin...jugó conmigo de mil maneras, por dentro y por fuera, pero ya sabe lo que dicen, eso de que "no hay más ciego que el que no quiere ver" Y yo sólo la veía a ella. Y no podía dejar de hacerlo, siempre acababa rindiéndome a sus encantos de Diosa. Sabía cómo manejarme, tras esa pose dulce y angelical que te atre al principio, se escondía una pantera, una bestia hermosa, poderosa e inteligente.
Me enroscaba entre sus largas piernas y yo me volvía adicto, sediento de sus besos, sumiso a sus caderas. Es ese tipo de mujer que te hace sentir mejor, no sabes qué hace, ni cómo lo hace, pero le suplicas que no deje de hacerlo.
Así que no me juzgue, cualquiera en su sano juicio se habría vuelto loco por ella.
En un abrir y cerrar de ojos mi sueño se convirtió en pesadilla. Se fue. Se esfumó sin dejar rastro, típico de ella: entró en mi vida por la puerta grande, y así se fue. No sé cuánto tiempo estuvimos juntos, porque perdía la noción, pero por si no lo dije, la conocí en marzo.
Y dicho esto, señor agente, créame cuando le digo que no he tenido nada que ver con su desaparición, si supiese dónde está, ya habría ido a buscarla.
Mi corazón se seca con su ausencia.
miércoles, 25 de marzo de 2015
Vuela alto, no te rindas.
Quería creer que existía, que era posible la idea de sentir como siempre había querido sentir.
Estaba dispuesta a derribar las barreras, a tragarme el orgullo y aparcar mis miedos, y todo por una persona que me llevase a la bajada a toda hostia de una montaña rusa muy alta con solo tocarme.
Alguien que me hiciese capaz. Capaz de afrontar la vida. Capaz de todo.
No solía creer en esas cosas, hasta que ocurre: algo así como una reacción química. Y física. Y acabas olvidándote de las normas, de las reglas, de la consciencia. Quieres estar a la altura de las mariposas que crecen en tu estómago, y te deshaces de tus dudas, de tus inseguridades, y empieza a ser algo casi mágico. Y crees en la magia. Lo sientes, y es tan fuerte que te hace fuerte, ya no concives las palabras o las personas igual que antes. Esa maravillosa reacción te cambia.
Viajas a un universo paralelo creado de suposiciones, y algo en tí te dice que la caída será dolorosa cuanto más alto subas, y la parte izquierda del pecho no hace caso, te incita a seguir subiendo, te convence de que no tienes por qué caer. Todo lo que habías aprendido hasta entonces se esfuma. Te transformas: ingenua y diminuta. Estás desnuda. Tu alma está desnuda, y no hay arma más peligrosa, pues le estás regalando a la otra persona la oportunidad de destruirte y joder, no eres capaz de verlo.
No importa, hasta las heridas más profundas cicatrizan.
Es solo... que estoy cansada de ser un juguete de niños. Creo que nunca lo he sido, sin embargo, he dejado que me trataran como tal, y ahora me siento usada y rota.
¿Entendéis ahora mi deseo de volar? Pero de volar de verdad, sin una cuerda atada a mis sentimientos.
Ha crecido en mí un deseo de venganza. Y yo no puedo evitarlo, me lo debo a mí misma.
Estaba dispuesta a derribar las barreras, a tragarme el orgullo y aparcar mis miedos, y todo por una persona que me llevase a la bajada a toda hostia de una montaña rusa muy alta con solo tocarme.
Alguien que me hiciese capaz. Capaz de afrontar la vida. Capaz de todo.
No solía creer en esas cosas, hasta que ocurre: algo así como una reacción química. Y física. Y acabas olvidándote de las normas, de las reglas, de la consciencia. Quieres estar a la altura de las mariposas que crecen en tu estómago, y te deshaces de tus dudas, de tus inseguridades, y empieza a ser algo casi mágico. Y crees en la magia. Lo sientes, y es tan fuerte que te hace fuerte, ya no concives las palabras o las personas igual que antes. Esa maravillosa reacción te cambia.
Viajas a un universo paralelo creado de suposiciones, y algo en tí te dice que la caída será dolorosa cuanto más alto subas, y la parte izquierda del pecho no hace caso, te incita a seguir subiendo, te convence de que no tienes por qué caer. Todo lo que habías aprendido hasta entonces se esfuma. Te transformas: ingenua y diminuta. Estás desnuda. Tu alma está desnuda, y no hay arma más peligrosa, pues le estás regalando a la otra persona la oportunidad de destruirte y joder, no eres capaz de verlo.
No importa, hasta las heridas más profundas cicatrizan.
Es solo... que estoy cansada de ser un juguete de niños. Creo que nunca lo he sido, sin embargo, he dejado que me trataran como tal, y ahora me siento usada y rota.
¿Entendéis ahora mi deseo de volar? Pero de volar de verdad, sin una cuerda atada a mis sentimientos.
Ha crecido en mí un deseo de venganza. Y yo no puedo evitarlo, me lo debo a mí misma.
sábado, 21 de marzo de 2015
Aquella zona VIP en mi pecho.
Cuando entregas una parte de ti a alguien en cierto modo no la recuperas jamás, y tienes que volver a reconstruirla. Así que cada vez que te involucras sentimentalmente en algo, pierdes una parte de tu alma, y al reconstruirla nunca vuelve a ser como antes. Has cambiado. Has aprendido, y puede que ya no vuelvas a entregarte a nadie con facilidad, puede que cada vez cueste más llegar a esa pequeña parte de tu alma, puede que pongas obstáculos y trampas, y el resto del mundo no entienda, y juzgue cuando tú sólo estás protegiendote por temor a volver a perderte, porque encontrarse no es fácil y cada vez cuesta más. Por eso todos dicen que se aprende con los daños, los errores y las experiencias. Tienen razón. Hasta que no te das la hostia no aprendes a dejar de dártela, tienes que toparte de frente con la realidad para lograr reconocer tus fallos, abrir los ojos, y estar alerta para posibles futuros tropezones. Por eso no vuelves a ser la misma.
A veces cambias, a veces sólo dejas atrás una persona y te conviertes en otra. Y como es primavera me ha venido a la cabeza todo ese proceso de metamorfosis emocional. Puede que sea cierto eso de que el calor revoluciona las hormonas, que "la primavera, la sangre altera", pero no podéis negarme que es una estación preciosa para enamorarse de verdad, ya sabéis, un amor de esos que no tienen fecha de caducidad, de los que te hacen perder la cabeza y darlo todo otorgandole al otro individuo el dulce privilegio de hacerte feliz o hacerte pedazos.
Tengo la esperanza de que en este mundo en el que vivimos aún queden románticos, porque en el fondo eso es lo que soy, sólo que me asusta admitirlo.
Nos hemos acostumbrado a la velocidad, a lo simple, a lo mediocre, porque es lo más fácil y lo menos doloroso, pero es cierto que lo fácil siempre deja con ganas de más, y desde luego no está de más jugarse todo a las cartas cuando tienes la corazonada (y nunca mejor dicho) de que vas ganar. Porque estar en la cima puede llegar a ser maravilloso. Qué cojones, es mucho más que maravilloso, pero no voy a perder mi tiempo intentando explicarlo en vano.
Hay miles de millones de personas en el mundo con las que nos cruzaremos, y cada una se llevará algo nuestro, tenemos la posibilidad de elegir el qué.
Supongo que hay que perder el miedo, aunque sea más fácil escribirlo que decirlo, más fácil decirlo que hacerlo. Pero el amor es un todo o nada, y el mundo no está echo para cobardes.
A veces cambias, a veces sólo dejas atrás una persona y te conviertes en otra. Y como es primavera me ha venido a la cabeza todo ese proceso de metamorfosis emocional. Puede que sea cierto eso de que el calor revoluciona las hormonas, que "la primavera, la sangre altera", pero no podéis negarme que es una estación preciosa para enamorarse de verdad, ya sabéis, un amor de esos que no tienen fecha de caducidad, de los que te hacen perder la cabeza y darlo todo otorgandole al otro individuo el dulce privilegio de hacerte feliz o hacerte pedazos.
Tengo la esperanza de que en este mundo en el que vivimos aún queden románticos, porque en el fondo eso es lo que soy, sólo que me asusta admitirlo.
Nos hemos acostumbrado a la velocidad, a lo simple, a lo mediocre, porque es lo más fácil y lo menos doloroso, pero es cierto que lo fácil siempre deja con ganas de más, y desde luego no está de más jugarse todo a las cartas cuando tienes la corazonada (y nunca mejor dicho) de que vas ganar. Porque estar en la cima puede llegar a ser maravilloso. Qué cojones, es mucho más que maravilloso, pero no voy a perder mi tiempo intentando explicarlo en vano.
Hay miles de millones de personas en el mundo con las que nos cruzaremos, y cada una se llevará algo nuestro, tenemos la posibilidad de elegir el qué.
Supongo que hay que perder el miedo, aunque sea más fácil escribirlo que decirlo, más fácil decirlo que hacerlo. Pero el amor es un todo o nada, y el mundo no está echo para cobardes.
miércoles, 4 de marzo de 2015
Queridos charinis:
No miento cuando digo que sois las personas más importantes de mi vida.
Para mí, sois mi familia. La familia es aquella que te acepta como eres con todas tus imperfecciones, aquella que te apoya y no te juzga sin antes intentar entenderte, la que te dice sin miedo lo que está bien y lo que está mal. La familia es un vínculo que se crea y por el cual no necesitas ver o hablar con una persona todos los días para saber que está contigo y que cuentas con su ayuda. La familia es sentirse arropado aunque te mueras de frío, buscar refugio cuanto te sientes perdido, reír y llorar, pero juntos. La familia también se elige, porque nadie es culpable de lo que su corazón siente, y el mío sigue latiendo y en gran parte es gracias a vosotros.
Todos los momentos que hemos compartido, son más que especiales, son infinitos, y quedarán para siempre grabados en mí, y es que no os hacéis a la idea de la parte tan importante que ocupáis en mi pecho.
Siempre me he sentido sola, y en cierto modo siempre lo he estado, y ahora, también me siento sola a veces, pero entonces recuerdo que formo parte de algo, y no necesito ninguna prueba que lo confirme, sólo cerrar los ojos y mirar dentro de mí.
"Los Charinis". Es real, existimos, y somos más que un grupo de amigos, nos complementamos los unos a los otros a pesar de lo diferentes que somos entre sí.
Sé que en el fondo nunca os cuento nada de esto, que no me gusta dar la chapa con mis problemas, ni preocuparos con mis rayadas mentales, pero también sé que si las contara me tenderíais vuestra mano y tendría seis hombros en los que llorar, y por eso quiero daros las gracias. Porque no todo el mundo tiene la suerte de tener una familia como la nuestra.
Cada uno tiene un objetivo y unos sueños en la vida, y seguimos unidos después de tantos baches, dicen que la unión hace la fuerza, y así es como procuro sentirme cuando me sale todo mal : fuerte.
Porque sé que no estoy sola, y tengo la sensación de que nunca lo estaré.
No sois mis amigos, sois mis compañeros de camino.
Gracias , porque soy quien soy por muchas razones, y vosotros sois una de ellas.
Quereros, se me queda corto.
Para mí, sois mi familia. La familia es aquella que te acepta como eres con todas tus imperfecciones, aquella que te apoya y no te juzga sin antes intentar entenderte, la que te dice sin miedo lo que está bien y lo que está mal. La familia es un vínculo que se crea y por el cual no necesitas ver o hablar con una persona todos los días para saber que está contigo y que cuentas con su ayuda. La familia es sentirse arropado aunque te mueras de frío, buscar refugio cuanto te sientes perdido, reír y llorar, pero juntos. La familia también se elige, porque nadie es culpable de lo que su corazón siente, y el mío sigue latiendo y en gran parte es gracias a vosotros.
Todos los momentos que hemos compartido, son más que especiales, son infinitos, y quedarán para siempre grabados en mí, y es que no os hacéis a la idea de la parte tan importante que ocupáis en mi pecho.
Siempre me he sentido sola, y en cierto modo siempre lo he estado, y ahora, también me siento sola a veces, pero entonces recuerdo que formo parte de algo, y no necesito ninguna prueba que lo confirme, sólo cerrar los ojos y mirar dentro de mí.
"Los Charinis". Es real, existimos, y somos más que un grupo de amigos, nos complementamos los unos a los otros a pesar de lo diferentes que somos entre sí.
Sé que en el fondo nunca os cuento nada de esto, que no me gusta dar la chapa con mis problemas, ni preocuparos con mis rayadas mentales, pero también sé que si las contara me tenderíais vuestra mano y tendría seis hombros en los que llorar, y por eso quiero daros las gracias. Porque no todo el mundo tiene la suerte de tener una familia como la nuestra.
Cada uno tiene un objetivo y unos sueños en la vida, y seguimos unidos después de tantos baches, dicen que la unión hace la fuerza, y así es como procuro sentirme cuando me sale todo mal : fuerte.
Porque sé que no estoy sola, y tengo la sensación de que nunca lo estaré.
No sois mis amigos, sois mis compañeros de camino.
Gracias , porque soy quien soy por muchas razones, y vosotros sois una de ellas.
Quereros, se me queda corto.
martes, 24 de febrero de 2015
La vida es un viaje, no un destino.
Supongo que eres tú el que debería escribirme y yo la que debería odiarte, pero a veces se me olvida.
En los momentos de flaqueza, sobre todo, cuando no sé a quién acudir ni en quién encontrar consuelo, entonces me rindo y te escribo buscando esa utópica realidad, soñando que todo puede cambiar, que podría irme a solucionar ecuaciones y volver cuando estuviesen resueltas, y que, de esta forma, saldríamos los dos ganando. Pero ¿sabes qué? ya no sé quién gana y quién pierde, porque aunque me joda, esto no es un juego. Esto es el mundo real, y por lo general no hay segundas oportunidades. Estoy cansada de escuchar eso de "todo pasa por algo", "es porque tenía que ser así"...
Y sin embargo, si me lo dijeras tú no me jodería tanto. Necesito un consejo, no importa que sea malo.
El simple hecho de no sentirme sola y huérfana, y muerta de frío. El no pagar mis frustraciones internas con el resto del mundo, y odiar todo y a todos porque no hay culpables y sí víctimas.
Ya he aprendido que en el mundo real la justicia no existe, y que la honradez no vale nada, y lo siento si sueno pesimista, pero he perdido más de lo que he ganado y he dado más de lo que he recibido, entiéndeme.
Siguen existiendo pequeños momentos en los que el tiempo parece detenerse y compensarme por el resto de horas del día, pero después sigo preguntándome por qués sin obtener respuesta y te escribo por si acaso tú las tienes. Puede que en cierto modo me entiendas, puede que sea cosa de raíces el sentirse incomprendido, el verlo todo borroso y a ojos de otros vivir tropiezo tras tropiezo. Lo siento si cometo tus mismos errores, estoy improvisando, hago lo que puedo.
Gracias por no juzgarme, por entenderme en la medida de lo posible y ayudarme de forma invisible pero palpable.
No quería ahogarme con mis palabras.
domingo, 22 de febrero de 2015
"Vamos a jugar a querernos" y nos quisimos
Amanezco, y sólo me apetece esconderme tras tus bragas para no ver el día gris, crear una sinfonía de orgasmos y olvidarnos de escuchar cómo cae la lluvia. Comerte, me quitas el hambre y me das hambre de ti, y beberte, porque, ¿sabes? eres mejor que un whisky con hielo en la esquina de la barra de nuestro pub de siempre. Follarte, y sí, el cigarro de después, que, después de ti, es mi único vicio.
Fumar mientras duermes, escuchando atentamente tu respiración de fondo, observando cómo sueñas y nos transportas a otros mundos. Tú, mi musa de amaneceres, que me inspiras a convertirte en prosa, y en verso, y en metáfora, y haces que me vuelva loco y como un adicto saque un viejo cuaderno en el metro y trate de retratarte entre líneas, por si después se me olvida con el subidón de volver a verte.
Tú conviertes mis sueños en realidades y los mejoras, joder, y tú sin saberlo.
Que si te miro, sólo te miro, y bailo por dentro, porque si te miro me quedo como un tonto sin saber que decir, esperando que hagas algún truco de magia o te recojas el pelo con un boli porque te pongo nerviosa.
Y entonces te vas, joder, te vas. Me dejas solo y frío, y no hay cuadernos viejos en este mundo para expresar cuánto te echo de menos, la sed que tengo de ti, o las ganas de follarte la mente (y el cuerpo) y viajar contigo a algún lugar extraño que por suerte sólo tú y yo sabemos.
Me atormentas por las noches, y por el día, me dejas como a un yonki sin su dosis. No paro de preguntarme si otro ocupa mi lugar, si compartes almohada, o lo que es peor: sueños.
Entre sábanas , cervezas y amaneceres adornados con risas de fondo fui feliz, sí, pero sólo contigo, sólo por ti. Y ahora no estás, y me quedo con mis cuadernos viejos y mis cigarros a medias que me consumen entre cuatro paredes sin magia. Y al asomarme a la ventana veo los días grises, y escucho caer la lluvia golpeando los cristales, creo verte cruzar la calle de la mano de alguien, o a lo mejor no eres tú y sólo es una pareja de enamorados sin paraguas, y nos veo reflejados en un efímero recuerdo y lloro, esta vez no sólo por ti, por nosotros. Porque dejé escapar a mi musa, esa irreemplazable en mi cama y en mi pecho. Te quise, y aunque me joda, aún te quiero. Entre verso y verso
martes, 10 de febrero de 2015
Punto y seguido. Punto y aparte.
Querido blog, hace un año empecé a escribir aquí. Apenas puedo creerme cómo han cambiado las cosas en un año.
Cuando empecé a escribir me sentía perdida, y efectivamente lo estaba. Hoy, parece ser que sigo igual. Es decir, me han pasado miles de cosas, buenas y malas, todas de golpe, en un tiempo récord.
Todas y cada una de las experiencias que me atormentaban han sido escritas. A veces mejor, a veces peor, a veces en clave. Supongo que todos necesitamos desahogarnos a veces, todos necesitamos gritarle al mundo la injusticia de nuestro pasado, el temor de nuestro futuro o las frustraciones de nuestro presente. Podemos encontrar mil formas de desgargar la rabia, y utilizarlas todas. Cruzar el puente y perderme entre el frío y el humo de un cigarro que se consume con mis nervios. Bailar hasta que te tiemblen las piernas y te quemen los pies. Gritar en aquel banco de aquella colina de aquel parque de aquel sitio. Escuchar bandas sonoras hasta quedarte dormida, y al despertar ver que ha desaparecido la nube de ideas negativas. Llorar con comedias románticas hasta que no queden lágrimas que derramar. Hacerte un blog y escribir hasta que deja de doler.
Me ahorro los motivos, los nombres, los datos geográficos o los números de teléfono.
Puede que esté enfadada con el mundo por ponérmelo tan difícil, y aún así doy las gracias por ello, algo bueno saldrá de esto, algo aprenderé o eso dicen los que dicen que me quieren. Y yo les voy a hacer caso, porque no me queda otra, porque tengo que aferrarme a algo ¿no?
El típico si te caes te levantas, qué otra cosa puede ser.
Puede que no me apetezca escribir más sino perderme entre páginas, acordes, diálogos, notas, voces y lágrimas. Puede que me apetezca perderme en sueños, o en pesadillas. He aprendido.
Gracias por salvarme.
Cuando empecé a escribir me sentía perdida, y efectivamente lo estaba. Hoy, parece ser que sigo igual. Es decir, me han pasado miles de cosas, buenas y malas, todas de golpe, en un tiempo récord.
Todas y cada una de las experiencias que me atormentaban han sido escritas. A veces mejor, a veces peor, a veces en clave. Supongo que todos necesitamos desahogarnos a veces, todos necesitamos gritarle al mundo la injusticia de nuestro pasado, el temor de nuestro futuro o las frustraciones de nuestro presente. Podemos encontrar mil formas de desgargar la rabia, y utilizarlas todas. Cruzar el puente y perderme entre el frío y el humo de un cigarro que se consume con mis nervios. Bailar hasta que te tiemblen las piernas y te quemen los pies. Gritar en aquel banco de aquella colina de aquel parque de aquel sitio. Escuchar bandas sonoras hasta quedarte dormida, y al despertar ver que ha desaparecido la nube de ideas negativas. Llorar con comedias románticas hasta que no queden lágrimas que derramar. Hacerte un blog y escribir hasta que deja de doler.
Me ahorro los motivos, los nombres, los datos geográficos o los números de teléfono.
Puede que esté enfadada con el mundo por ponérmelo tan difícil, y aún así doy las gracias por ello, algo bueno saldrá de esto, algo aprenderé o eso dicen los que dicen que me quieren. Y yo les voy a hacer caso, porque no me queda otra, porque tengo que aferrarme a algo ¿no?
El típico si te caes te levantas, qué otra cosa puede ser.
Puede que no me apetezca escribir más sino perderme entre páginas, acordes, diálogos, notas, voces y lágrimas. Puede que me apetezca perderme en sueños, o en pesadillas. He aprendido.
Gracias por salvarme.
lunes, 2 de febrero de 2015
Dos minutos.
No sé si por ti daría todo, pero estoy segura de que daría más de lo que puedo dar.
Aún no entiendo cómo siendo dos extraños que viven ajenos el uno al otro te pienso tanto.
Tú te paseas varias veces al día por mi cabeza, y pondría mi mano al fuego asegurando que yo no aparezco por la tuya más de dos veces al año, y no me quemaría.
Las cosas no han cambiado tanto: cierro los ojos y te veo, y en la distancia, te siento. Aún te cuelas en mis pesadillas. Y digo pesadillas, porque a pesar de que sean sueños, cuando despierto no son más que pesadillas que me recuerdan lo imposibles que somos. Todo sigue igual.
Siempre me gustaste, desde niños, lo que pasa es que no lo sabía, e intentaba convencerme a mí misma de que te odiaba. Eras un chulo que se metía conmigo y hacía que los demás me dieran de lado por ser la única chica. En las guerras de globos de agua siempre ibas a por mí primero, y casualmente los balones siempre iban a parar donde yo estaba. Pero una vez, estábamos jugando al escondite, todos se habían escondido y a mi se me acababa el tiempo, y de repente una mano me agarró invitándome a entrar en aquel armario. Y sólo necesité dos minutos en un armario a oscuras para enamorarme de ti. Teníamos doce años. Empecé a ponerme nerviosa cada vez que iba a vertee, y los tonteos disfrazados de juegos de niños se convirtieron en rutina. A los catorce años yo no podía estar más hechizada contigo. Nos veíamos pocas veces al año,y eso me bastaba. Me agregaste a tuenti, hablábamos a menudo, y empezaste a tontear con mis amigas. Las agregabas y hablabas con ellas, y yo no decía nada porque, aunque me dolía, eso me hacía sentirme cerca de ti. Empezaste a salir con tu novia, y yo también me eché novio, y llegó uno de esos días del año en el que teníamos que vernos. Yo sabía que tenías novia, y que yo tenía novio, pero empezaste a meterte con él intentando ponerme celosa, las guerras de almohadas, las miradas furtivas... ese mismo domingo dejé a mi novio.
No podía creerlo, cómo podía ser tan tonta. cómo te habías reído de mi... pero seguía teniendo esperanzas. Pasaron cuatro años, te convertiste en anécdota pero aún dolías. En cuatro años es posible que nos viésemos dos o tres veces, quién sabe, yo seguía pensando en ti. Sabía que estabas con esa chica, pero hace poco todo cambió. Cuatro años con esa chica y bum. Tuve que esconderme detrás de la puerta y contener la respiración cuando escuché la noticia. Me alegraba. No sólo por mí, sino por ti, porque te mereces ser joven.
Para nada me esperaba que llamases a mi puerta este 25 de diciembre. Joder, cuanto tiempo sin ver esos ojos. Tú también lo notaste, lo sé. Estaban todos, y yo fingía tranquilidad, pero tus miradas desde el fondo de la mesa me lo ponían aún más difícil. Y ya está. Dos minutos contigo en la misma estancia hicieron falta para que volviese a soñar contigo. Siempre apareces en mis sueños sin sentido alguno, y cuando me despierto, vuelvo a sentirme como aquella cría de catorce años.
Y en noches como esta, me vuelvo como una yonki en busca de su dosis y no paro hasta encontrar papel y boli y vomitarte de mis pensamientos. No me preocupa, sólo te pienso a ratos, al fin y al cabo no somos más que eso, dos imposibles ajenos el uno al otro. Pero ¿sabes? No sé si vuelvo a tener esperanza o realmente creo en el destino, pero sé que algún día resolveré esto.
Sólo necesitaré dos minutos.
Aún no entiendo cómo siendo dos extraños que viven ajenos el uno al otro te pienso tanto.
Tú te paseas varias veces al día por mi cabeza, y pondría mi mano al fuego asegurando que yo no aparezco por la tuya más de dos veces al año, y no me quemaría.
Las cosas no han cambiado tanto: cierro los ojos y te veo, y en la distancia, te siento. Aún te cuelas en mis pesadillas. Y digo pesadillas, porque a pesar de que sean sueños, cuando despierto no son más que pesadillas que me recuerdan lo imposibles que somos. Todo sigue igual.
Siempre me gustaste, desde niños, lo que pasa es que no lo sabía, e intentaba convencerme a mí misma de que te odiaba. Eras un chulo que se metía conmigo y hacía que los demás me dieran de lado por ser la única chica. En las guerras de globos de agua siempre ibas a por mí primero, y casualmente los balones siempre iban a parar donde yo estaba. Pero una vez, estábamos jugando al escondite, todos se habían escondido y a mi se me acababa el tiempo, y de repente una mano me agarró invitándome a entrar en aquel armario. Y sólo necesité dos minutos en un armario a oscuras para enamorarme de ti. Teníamos doce años. Empecé a ponerme nerviosa cada vez que iba a vertee, y los tonteos disfrazados de juegos de niños se convirtieron en rutina. A los catorce años yo no podía estar más hechizada contigo. Nos veíamos pocas veces al año,y eso me bastaba. Me agregaste a tuenti, hablábamos a menudo, y empezaste a tontear con mis amigas. Las agregabas y hablabas con ellas, y yo no decía nada porque, aunque me dolía, eso me hacía sentirme cerca de ti. Empezaste a salir con tu novia, y yo también me eché novio, y llegó uno de esos días del año en el que teníamos que vernos. Yo sabía que tenías novia, y que yo tenía novio, pero empezaste a meterte con él intentando ponerme celosa, las guerras de almohadas, las miradas furtivas... ese mismo domingo dejé a mi novio.
No podía creerlo, cómo podía ser tan tonta. cómo te habías reído de mi... pero seguía teniendo esperanzas. Pasaron cuatro años, te convertiste en anécdota pero aún dolías. En cuatro años es posible que nos viésemos dos o tres veces, quién sabe, yo seguía pensando en ti. Sabía que estabas con esa chica, pero hace poco todo cambió. Cuatro años con esa chica y bum. Tuve que esconderme detrás de la puerta y contener la respiración cuando escuché la noticia. Me alegraba. No sólo por mí, sino por ti, porque te mereces ser joven.
Para nada me esperaba que llamases a mi puerta este 25 de diciembre. Joder, cuanto tiempo sin ver esos ojos. Tú también lo notaste, lo sé. Estaban todos, y yo fingía tranquilidad, pero tus miradas desde el fondo de la mesa me lo ponían aún más difícil. Y ya está. Dos minutos contigo en la misma estancia hicieron falta para que volviese a soñar contigo. Siempre apareces en mis sueños sin sentido alguno, y cuando me despierto, vuelvo a sentirme como aquella cría de catorce años.
Y en noches como esta, me vuelvo como una yonki en busca de su dosis y no paro hasta encontrar papel y boli y vomitarte de mis pensamientos. No me preocupa, sólo te pienso a ratos, al fin y al cabo no somos más que eso, dos imposibles ajenos el uno al otro. Pero ¿sabes? No sé si vuelvo a tener esperanza o realmente creo en el destino, pero sé que algún día resolveré esto.
Sólo necesitaré dos minutos.
lunes, 19 de enero de 2015
¿Casualidad o destino?
Había gastado parte de su hermosa voz en gritos banales y llenos de dolor. Le faltaba el aliento, y sus ojos se veían ya cansados, gastados de tanta espera en vano.
Hacía tiempo que se había deshecho de los relojes, pues sólo le recordaban el tiempo que pasaba sin él. Y a sus ojeras, cansadas de largas noches siendo el paraje de sus lágrimas, no les importaba la luz del día, no necesitaban ocultarse tras aquellas gafas de sol de mercadillo de playa. Y a ella tampoco le importó mostrarse sin maquillaje, es más, lucía con orgullo sus cicatrices, aunque sus heridas más profundas se hallaban dentro, sin duda dejaron huella por fuera. Y aún así, juro que la vi guapa.
Nunca más volvió a mirarnos con brillo en los ojos, con color en las mejillas o las manos sudorosas. Toda esa magia primeriza quedaba tan atrás que incluso costaba recordarla.
Dejó de usar lencería de encaje las noches de sábado, y camina por ahí sin bragas y con ganas, muchas ganas.
Había pasado menos de un año, pero ella parecía mayor. Y no me refiero a que había crecido de altura, es ese otro tipo de crecimiento que no se ve a simple vista pero que se siente. Y yo la sentía mil veces más mayor que la última vez que tuvimos contacto visual, y entonces, inexplicablemente me invadió la nostalgia.
Lo había vivido todo de golpe, y me pregunté a mí mismo si por decisión propia. Me miró con una sonrisa irónica, como se mira a los niños cuando no terminan de entender algo, y como si me hubiera leído el pensamiento, me dijo : "Ya sabes la respuesta".
Y en el fondo la sabía, por mucho que quisiera evitar pensarlo.
Aún no sé cómo tuve valentía de decirla que había cambiado, que la veía diferente.
"Estoy bien, sólo estoy aprendiendo a vivir" me dijo.
Después escuché que alguien la vio llorar en el baño. Perdió la ilusión y la confianza, y éstas se llevaron consigo su esencia. Su dulzura de niña, su sensualidad de mujer.
Yo seguía sin creerme que la había visto. En tiempo real, era menos de un año, en tiempo de un corazón humano me había parecido una eternidad.
Continué dándole vueltas a todo aquello que acababa de pasar y recordé la última frase que salió de su boca "estoy aprendiendo a vivir".
Qué ilusa. La vida no es vida sin amor, y antes que aprender a vivir, hay que aprender a amar.
Hacía tiempo que se había deshecho de los relojes, pues sólo le recordaban el tiempo que pasaba sin él. Y a sus ojeras, cansadas de largas noches siendo el paraje de sus lágrimas, no les importaba la luz del día, no necesitaban ocultarse tras aquellas gafas de sol de mercadillo de playa. Y a ella tampoco le importó mostrarse sin maquillaje, es más, lucía con orgullo sus cicatrices, aunque sus heridas más profundas se hallaban dentro, sin duda dejaron huella por fuera. Y aún así, juro que la vi guapa.
Nunca más volvió a mirarnos con brillo en los ojos, con color en las mejillas o las manos sudorosas. Toda esa magia primeriza quedaba tan atrás que incluso costaba recordarla.
Dejó de usar lencería de encaje las noches de sábado, y camina por ahí sin bragas y con ganas, muchas ganas.
Había pasado menos de un año, pero ella parecía mayor. Y no me refiero a que había crecido de altura, es ese otro tipo de crecimiento que no se ve a simple vista pero que se siente. Y yo la sentía mil veces más mayor que la última vez que tuvimos contacto visual, y entonces, inexplicablemente me invadió la nostalgia.
Lo había vivido todo de golpe, y me pregunté a mí mismo si por decisión propia. Me miró con una sonrisa irónica, como se mira a los niños cuando no terminan de entender algo, y como si me hubiera leído el pensamiento, me dijo : "Ya sabes la respuesta".
Y en el fondo la sabía, por mucho que quisiera evitar pensarlo.
Aún no sé cómo tuve valentía de decirla que había cambiado, que la veía diferente.
"Estoy bien, sólo estoy aprendiendo a vivir" me dijo.
Después escuché que alguien la vio llorar en el baño. Perdió la ilusión y la confianza, y éstas se llevaron consigo su esencia. Su dulzura de niña, su sensualidad de mujer.
Yo seguía sin creerme que la había visto. En tiempo real, era menos de un año, en tiempo de un corazón humano me había parecido una eternidad.
Continué dándole vueltas a todo aquello que acababa de pasar y recordé la última frase que salió de su boca "estoy aprendiendo a vivir".
Qué ilusa. La vida no es vida sin amor, y antes que aprender a vivir, hay que aprender a amar.
jueves, 15 de enero de 2015
Felicidades canario de mi corazón.
Escribo esto en un cuaderno viejo un par de noches antes de pasarlo a limpio, cuando me llegan las ideas. Surgen frases como flechas, y sería una pena desperdiciarlas.
Sé que últimamente no hemos hablado mucho, ya casi no hablamos. Me siento culpable, y en cierto modo lo soy. Sabes que soy pasota, que tengo cosas que hacer y al final voy dejando pasar lo que realmente importa. Me conoces, cuando algo me preocupa o me hace daño, salgo corriendo. Huyo, lo evito, lo "dejo pasar" y en cierto modo que no hablemos está unido a ello, a mi miedo a sufrir. En el fondo esos 1642 kilómetros que nos separan me matan. Sé que si cierro los ojos y pienso en tí estarás conmigo, y de hecho siempre lo estás de una forma u otra porque, aunque no lo creas formas parte de mí. Confié en ti muchas veces, y tus palabras que venían de tan lejos me ayudaron más que las de los que tenía cerca. Por eso, porque siempre estuviste ahí cuando tenía un problema sin que yo te lo pidiera, estuviste para lo malo y también para lo bueno. Nunca te quejaste si te mandé una nota de voz borracha, y me echaste la bronca cuando pensaste que hacía las cosas mal. Por mi parte sé que alguna vez metí la pata, pero no quiero que olvides que estoy contigo, que cuando te sientas perdido, solo o incomprendido, siemre podrás hacer una llamada, un skype, escribir un whatsapp, que no me importará hacer el cerdito con tal de ver que te ríes. Eres una parte fundamental en mi vida, y quería recordártelo en este día tan especial. Sabes que me encantaría tirarte de las orejas y darte un gran abrazo, llegar a mi casa pensando " puto critian, me ha pegado su olor a colonia y ahora huelo a tío", pero sé que algún día podré hacerlo. De momento puedo mandarte todo mi amor, mi apoyo, mis besos y mis abrazos de forma virtual, pero oye, seguro que el lado izquierdo de tu pecho lo recibe.
Te quiero mucho Cristian, felices 18 mi amor.
PD: Tomate un copazo a mi salud, y ten cuidado.
Sé que últimamente no hemos hablado mucho, ya casi no hablamos. Me siento culpable, y en cierto modo lo soy. Sabes que soy pasota, que tengo cosas que hacer y al final voy dejando pasar lo que realmente importa. Me conoces, cuando algo me preocupa o me hace daño, salgo corriendo. Huyo, lo evito, lo "dejo pasar" y en cierto modo que no hablemos está unido a ello, a mi miedo a sufrir. En el fondo esos 1642 kilómetros que nos separan me matan. Sé que si cierro los ojos y pienso en tí estarás conmigo, y de hecho siempre lo estás de una forma u otra porque, aunque no lo creas formas parte de mí. Confié en ti muchas veces, y tus palabras que venían de tan lejos me ayudaron más que las de los que tenía cerca. Por eso, porque siempre estuviste ahí cuando tenía un problema sin que yo te lo pidiera, estuviste para lo malo y también para lo bueno. Nunca te quejaste si te mandé una nota de voz borracha, y me echaste la bronca cuando pensaste que hacía las cosas mal. Por mi parte sé que alguna vez metí la pata, pero no quiero que olvides que estoy contigo, que cuando te sientas perdido, solo o incomprendido, siemre podrás hacer una llamada, un skype, escribir un whatsapp, que no me importará hacer el cerdito con tal de ver que te ríes. Eres una parte fundamental en mi vida, y quería recordártelo en este día tan especial. Sabes que me encantaría tirarte de las orejas y darte un gran abrazo, llegar a mi casa pensando " puto critian, me ha pegado su olor a colonia y ahora huelo a tío", pero sé que algún día podré hacerlo. De momento puedo mandarte todo mi amor, mi apoyo, mis besos y mis abrazos de forma virtual, pero oye, seguro que el lado izquierdo de tu pecho lo recibe.
Te quiero mucho Cristian, felices 18 mi amor.
PD: Tomate un copazo a mi salud, y ten cuidado.
martes, 13 de enero de 2015
Escóndete, que el amor se asoma.
Probablemente no sepas nada de mí.
No sabes que me gustan los pitillos negros y ajustados, el pintalabios rojo, los tangas de encaje, los push-up, fumar cuando estoy deprimida, llorar a oscuras si algo sale mal, salir a "correr" para despejarme, gritar para liberar la rabia, poner voces raras para divertirme, bailar para ser yo misma, los selfies en el espejo, hacer listas , planear cosas, las baladas en inglés.
No sabes que mi película favorita es Amèlie, mi obra de teatro Eloísa está debajo de un almendro, mi color el azul caribe, mi flor el lilium, mi canción The A Team, mi actor Johnny Depp, mi comida las croquetas de la abuela, mi día del año nochevieja.
No sabes que odio que me despierten de golpe, los madrugones, las prisas, desenredarme el pelo, tirar la basura, usar reloj, la hipocresía, la intolerancia, la homofobia, el machismo, el fascismo, la ignorancia.
Tampoco sabes que me asustan las emociones, me da miedo el futuro y que mi mayor temor soy yo misma.
¿Y sabes por qué no sabes todo esto y mil cosas más?
Te lo diré sin conocerte yo tampoco: tenemos los mismos miedos, y huímos de ellos.
Quizá ya es tarde para nosotros, pero no lo es para mí.
Puede que dejara escapar varios trenes, pero ya no quiero tachar días del calendario esperando algo que cuando llega, me da miedo.
Dicen que cuando el amor llega de verdad, nos olvidamos de todo, incluso de nosotros mismos y nuestras manías mundanas.
Cuando sea de verdad, lo sabremos.
Cuidado.
No sabes que me gustan los pitillos negros y ajustados, el pintalabios rojo, los tangas de encaje, los push-up, fumar cuando estoy deprimida, llorar a oscuras si algo sale mal, salir a "correr" para despejarme, gritar para liberar la rabia, poner voces raras para divertirme, bailar para ser yo misma, los selfies en el espejo, hacer listas , planear cosas, las baladas en inglés.
No sabes que mi película favorita es Amèlie, mi obra de teatro Eloísa está debajo de un almendro, mi color el azul caribe, mi flor el lilium, mi canción The A Team, mi actor Johnny Depp, mi comida las croquetas de la abuela, mi día del año nochevieja.
No sabes que odio que me despierten de golpe, los madrugones, las prisas, desenredarme el pelo, tirar la basura, usar reloj, la hipocresía, la intolerancia, la homofobia, el machismo, el fascismo, la ignorancia.
Tampoco sabes que me asustan las emociones, me da miedo el futuro y que mi mayor temor soy yo misma.
¿Y sabes por qué no sabes todo esto y mil cosas más?
Te lo diré sin conocerte yo tampoco: tenemos los mismos miedos, y huímos de ellos.
Quizá ya es tarde para nosotros, pero no lo es para mí.
Puede que dejara escapar varios trenes, pero ya no quiero tachar días del calendario esperando algo que cuando llega, me da miedo.
Dicen que cuando el amor llega de verdad, nos olvidamos de todo, incluso de nosotros mismos y nuestras manías mundanas.
Cuando sea de verdad, lo sabremos.
Cuidado.
viernes, 9 de enero de 2015
"Sus momentos de subidón"
Hay canciones que no puedo escuchar porque me recuerdan momentos en los que lo pasé mal, y otras que no puedo escuchar porque me recuerdan momentos en los que fui feliz y de los que ya no queda nada.
Soy de las que piensa que hay una canción para cada momento, que los momentos de subidón tienen que tener canción. No sé, a mi me sale solo, estar feliz, viviendo un momento irrepetible y decir: joder, le pega esta canción. Y cuando lo paso mal igual. Dentro de mi depresión pienso: joder... le pega esta canción. A veces aparecen solas. No sé si habéis leído "The perks of being a wallflower"
o en su defecto, habéis visto la película. Bien, pues ahí se habla de los momentos en los que nos sentimos "infinitos" y sólo por eso ya me encantó. Cómo no se me había ocurrido antes, es estrepitosamente maravilloso. "En ese momento, fuimos infinitos". Os juro, que comprendo totalmente esa frase. Es como si en ese instante no importara nada más, toda la mierda no existe, tú estás ahí, y estás feliz, y le pones mentalmente una canción, o corres la suerte de que suene en la radio o en el altavoz, pero ese instante, es infinito. Y sientes que nada ni nadie podrá impedir que deje huella en tu universo, y la escalofriante sacudida de electricidad que recorre tu cuerpo, hace que incluso te emociones. Y sí, eres infinito.
Probablemente no me entiendas si no lo has sentido, sólo digo que por más que lo intente me va a resultar tarea imposible cazar palabras para que sepas de lo que hablo.
En definitiva, cada uno puede festejar como quiera sus momentos de subidón. Yo, a parte de añadirles mentalmente una canción, cierro los ojos con fuerza, como para comprobar que es real supongo. Lo hago inconscientemente , es una forma de gritarme en silencio y decir "¡JODER, TES, SIIIÍ "
Orgasmos de vida, en otras palabras.
Soy de las que piensa que hay una canción para cada momento, que los momentos de subidón tienen que tener canción. No sé, a mi me sale solo, estar feliz, viviendo un momento irrepetible y decir: joder, le pega esta canción. Y cuando lo paso mal igual. Dentro de mi depresión pienso: joder... le pega esta canción. A veces aparecen solas. No sé si habéis leído "The perks of being a wallflower"
o en su defecto, habéis visto la película. Bien, pues ahí se habla de los momentos en los que nos sentimos "infinitos" y sólo por eso ya me encantó. Cómo no se me había ocurrido antes, es estrepitosamente maravilloso. "En ese momento, fuimos infinitos". Os juro, que comprendo totalmente esa frase. Es como si en ese instante no importara nada más, toda la mierda no existe, tú estás ahí, y estás feliz, y le pones mentalmente una canción, o corres la suerte de que suene en la radio o en el altavoz, pero ese instante, es infinito. Y sientes que nada ni nadie podrá impedir que deje huella en tu universo, y la escalofriante sacudida de electricidad que recorre tu cuerpo, hace que incluso te emociones. Y sí, eres infinito.
Probablemente no me entiendas si no lo has sentido, sólo digo que por más que lo intente me va a resultar tarea imposible cazar palabras para que sepas de lo que hablo.
En definitiva, cada uno puede festejar como quiera sus momentos de subidón. Yo, a parte de añadirles mentalmente una canción, cierro los ojos con fuerza, como para comprobar que es real supongo. Lo hago inconscientemente , es una forma de gritarme en silencio y decir "¡JODER, TES, SIIIÍ "
Orgasmos de vida, en otras palabras.
jueves, 8 de enero de 2015
Bú.
Empezar de cero, dejar atrás toda esa nube de mentiras y lágrimas más amargas que saladas, dejar que te alejes como el humo, como al vaho, pero esta vez para siempre.
Ni las luces, ni el ruido de los coches, ni Madrid de fondo nos volverán a ver paseando de la mano.
Ni mi almohada volverá a sostener mi llanto las noches de frío, ni mi telefonillo sonará esperando a que baje mientras me esperas liándote un cigarro.
Ni volveré de madrugada con el rímel corrido y la boca seca.
He aprendido a valorarme lo suficiente para que no me atormente tu recuerdo, a no culparme por no tener cojones a llamarte, a que no le bajes el volumen a mi autoestima.
Empezar de cero, conmigo pero sin parte de mí.
Ni las luces, ni el ruido de los coches, ni Madrid de fondo nos volverán a ver paseando de la mano.
Ni mi almohada volverá a sostener mi llanto las noches de frío, ni mi telefonillo sonará esperando a que baje mientras me esperas liándote un cigarro.
Ni volveré de madrugada con el rímel corrido y la boca seca.
He aprendido a valorarme lo suficiente para que no me atormente tu recuerdo, a no culparme por no tener cojones a llamarte, a que no le bajes el volumen a mi autoestima.
Empezar de cero, conmigo pero sin parte de mí.
martes, 6 de enero de 2015
Dicen que lo que fácil llega fácil se va.
He estado un tiempo sin escribir en el blog, y la verdad, creo que no hay un motivo concreto, creo que simplemente necesitaba pensar, dedicarme tiempo a mí misma y aclararme la mente.
Lo irónico de todo esto, es que cuanto más tiempo pasas a solas, más vueltas da tu cabeza, y más confusa acabas estando. Este mes han pasado varias cosas, buenas y malas, ya no sé qué pensar.
Me he sentido rara tantas veces... ajena totalmente a mí misma a pesar de seguir siendo yo.
Primero cumplí los 18, y la verdad, no puedo decir que esperaba más, puesto que sabía que no iba a sentirme diferente, y que cuando mirara al espejo iba a seguir viendo lo mismo que cada mañana.
Sentí una gran decepción, pues hubo personas que consideraba importantes y no estuvieron a mi lado, ni una llamada, ni un mínimo gesto que demostrara que era tan sólo un poco importante para ellos. La verdad es que fue una persona en concreto, esa figura supuestamente irremplazable y maravillosa que en cierto modo a mí siempre me ha faltado, pero creo que ya le he dedicado muchas entradas que no se merecía, porque no se merece la importancia que por desgracia le doy.
Decepción tras decepción llegó la guinda del pastel, que sabía más amargo que dulce, y me hizo darme cuenta de que me merezco más. De que estoy harta de que me traten como a un objeto o de que digan delante de mis propios ojos " tú y yo no somos nada" . ¿Cómo que nada? ¿acaso somos extraños después de tanto tiempo? No quiero que me regales flores, pero... ten la decencia de no escupir frases con tal desprecio hacia mí, que te he perdonado tanto.
Así que, decepción, pero ¿sabéis? ME MEREZCO MÁS QUE ESO.
Este mes conocí a alguien de manera un tanto peculiar. No sé si puedo decir conocí, pero hablamos tanto de tantas cosas que me atrevería a decir que sí, le conocí.
Era alguien como yo, un poco perdido en las circunstancias, plagado de humor sarcástico y sin miedo de hacer el tonto. Digamos que encontré diferencias y similitudes que entre otras cosas, me entraron por los ojos y por los oídos y que me acabaron ganando. Juro que estaba... ilusionada . Sí.
Y hacía mucho que una persona no me ilusionaba, me he llevado tantas decepciones (y las que me quedan, lo sé) que esto lo cogí con ganas, y subí tan alto que aunque parezca imposible la caída dolió. Volví a odiarme a mí misma por ser tan tonta. Pero siempre me han dicho que no tenga miedo de soñar, mi corazón estaba hecho pedazos y poco a poco esos pedacitos se iban recomponiendo, así que, ¿por qué no? ¿Por qué tenía que desconfiar? Podía darme una oportunidad, podía jugar, podía soñar, porque la realidad ya es lo suficientemente dura. Y al final pasó. La realidad chocó de frente con mi sueño. No sé, creí haber encontrado alguien tan perdido como yo, pensé que no era la única, que quizá no fuese como en las películas pero que al fin y al cabo era. Que no necesitaba una historia perfecta sino alguien a quien ir descubriendo paso a paso con juegos, alguien con quien hablar.
El año pasado sufrí mucho. En serio... pasaron muchas cosas y en su mayoría malas. No empecé el año con buen pie, y no culpo a nadie, pero la persona que ocupaba mi mente y parte de mi corazón por aquel entonces me decepcionó. Esperaba más, eso es todo. Y por el contrario, este año no esperaba nada, y llegó. Un simple mensaje, alguien que llegó justo a tiempo y que me hizo pensar que este año iba a merecer la pena, que esa persona merecía la pena. No digo que no merezca la pena, pero tan pronto como llegó se fue. Y yo me quedé aquí. Como siempre.
Y ya no tengo ganas de decir "me merezco más" porque para mí, era más que suficiente. Era sobresaliente, matrícula de honor. "A pesar de".
Aún así, el año acaba de empezar y estoy segura de que estará lleno de sorpresas.
Lo irónico de todo esto, es que cuanto más tiempo pasas a solas, más vueltas da tu cabeza, y más confusa acabas estando. Este mes han pasado varias cosas, buenas y malas, ya no sé qué pensar.
Me he sentido rara tantas veces... ajena totalmente a mí misma a pesar de seguir siendo yo.
Primero cumplí los 18, y la verdad, no puedo decir que esperaba más, puesto que sabía que no iba a sentirme diferente, y que cuando mirara al espejo iba a seguir viendo lo mismo que cada mañana.
Sentí una gran decepción, pues hubo personas que consideraba importantes y no estuvieron a mi lado, ni una llamada, ni un mínimo gesto que demostrara que era tan sólo un poco importante para ellos. La verdad es que fue una persona en concreto, esa figura supuestamente irremplazable y maravillosa que en cierto modo a mí siempre me ha faltado, pero creo que ya le he dedicado muchas entradas que no se merecía, porque no se merece la importancia que por desgracia le doy.
Decepción tras decepción llegó la guinda del pastel, que sabía más amargo que dulce, y me hizo darme cuenta de que me merezco más. De que estoy harta de que me traten como a un objeto o de que digan delante de mis propios ojos " tú y yo no somos nada" . ¿Cómo que nada? ¿acaso somos extraños después de tanto tiempo? No quiero que me regales flores, pero... ten la decencia de no escupir frases con tal desprecio hacia mí, que te he perdonado tanto.
Así que, decepción, pero ¿sabéis? ME MEREZCO MÁS QUE ESO.
Este mes conocí a alguien de manera un tanto peculiar. No sé si puedo decir conocí, pero hablamos tanto de tantas cosas que me atrevería a decir que sí, le conocí.
Era alguien como yo, un poco perdido en las circunstancias, plagado de humor sarcástico y sin miedo de hacer el tonto. Digamos que encontré diferencias y similitudes que entre otras cosas, me entraron por los ojos y por los oídos y que me acabaron ganando. Juro que estaba... ilusionada . Sí.
Y hacía mucho que una persona no me ilusionaba, me he llevado tantas decepciones (y las que me quedan, lo sé) que esto lo cogí con ganas, y subí tan alto que aunque parezca imposible la caída dolió. Volví a odiarme a mí misma por ser tan tonta. Pero siempre me han dicho que no tenga miedo de soñar, mi corazón estaba hecho pedazos y poco a poco esos pedacitos se iban recomponiendo, así que, ¿por qué no? ¿Por qué tenía que desconfiar? Podía darme una oportunidad, podía jugar, podía soñar, porque la realidad ya es lo suficientemente dura. Y al final pasó. La realidad chocó de frente con mi sueño. No sé, creí haber encontrado alguien tan perdido como yo, pensé que no era la única, que quizá no fuese como en las películas pero que al fin y al cabo era. Que no necesitaba una historia perfecta sino alguien a quien ir descubriendo paso a paso con juegos, alguien con quien hablar.
El año pasado sufrí mucho. En serio... pasaron muchas cosas y en su mayoría malas. No empecé el año con buen pie, y no culpo a nadie, pero la persona que ocupaba mi mente y parte de mi corazón por aquel entonces me decepcionó. Esperaba más, eso es todo. Y por el contrario, este año no esperaba nada, y llegó. Un simple mensaje, alguien que llegó justo a tiempo y que me hizo pensar que este año iba a merecer la pena, que esa persona merecía la pena. No digo que no merezca la pena, pero tan pronto como llegó se fue. Y yo me quedé aquí. Como siempre.
Y ya no tengo ganas de decir "me merezco más" porque para mí, era más que suficiente. Era sobresaliente, matrícula de honor. "A pesar de".
Aún así, el año acaba de empezar y estoy segura de que estará lleno de sorpresas.
martes, 9 de diciembre de 2014
Aquello por lo que la vida merece la pena. رقص
Mucha gente piensa que estar parada mola. Que es genial eso de no tener que ir a clase o al trabajo, pero lo cierto es que no mola nada. Todo lo contrario.
Te sientes como si hubieses fracasado como persona, como si hubieses fallado en la vida. Empiezas a plantearte por qué estás aquí, malgastando el día a día de forma involuntaria, cuál es tu cometido, por qué no está otro en tu lugar, alguien que hubiera sabido hacerlo mejor desde un principio. Pero no, eres tú la que está ocupando ese pequeño lugar en el universo, y que no sabe cómo hacer uso de su privilegio.
Puedo pasarme horas mirando a un punto fijo en la pared, y no sentir nada. Vacío. Como si el tiempo se hubiese detenido para mí, sólo que, para el resto del mundo, las agujas del reloj siguen cambiando de hora. Es... como ir en un tren sin saber el destino, y ver al resto de pasajeros con sus maletas y sus cascos del ipod, y ver cómo se van bajando en diferentes paradas mientras tú esperas la tuya. Sólo que no llega. Nunca llega. Y vuelves a preguntarte por qué. Por qué tú, qué hiciste mal, o qué no hiciste bien. Y la respuesta a tus preguntas tampoco llega.
Verte sumida en un círculo vicioso que gira y gira sin sentido es horrible, pero aún peor es verte sumida en un círculo vicioso y no poder hacer nada. Lo peor de una mala situación es no poder cambiarla. Y sí, hay otras cosas, cosas buenas que superan las malas, pero las malas ganan por dentro. Lo que no se ve es lo que más duele, dicen. Es solo que a veces me faltan fuerzas y me puede la amargura. Las voces reales desaparecen y sólo tengo oídos para aquellas que yacen en mi interior y que de vez en cuando despiertan de forma intensa y voraz, y me deboran dejándome débil y sumisa a ellas. A veces, sólo escucho música con la luz apagada, fingiendo que es de noche, y que todos están dormidos y en silencio, aunque en el fonde sepa que es mentira y que me estoy engañando a mí misma. Es para no sentirme viva, para esconderme del mundo y esconderme de mí. Para dormir esas voces interiores que tanto gritan y tanto molestan.
Y cuando me siento así, pienso en esas cosas buenas, pienso en aquello que me hace sentir especial, única a mi manera, aquello que hace que me olvide de todo y que además no sea en vano.
Por eso quiero tatuármelo en la piel. Quiero llevar conmigo aquello que me llevó consigo durante tanto tiempo. eso que me quitó cosas pero me brindó otras. Quiero llevarlo en la piel de por vida, y cuando me sienta así, podré mirarlo y recordar que tengo motivos por los que luchar, por los que no rendirme y por los que sentirme orgullosa. Para que no se me olvide quién soy.
Te sientes como si hubieses fracasado como persona, como si hubieses fallado en la vida. Empiezas a plantearte por qué estás aquí, malgastando el día a día de forma involuntaria, cuál es tu cometido, por qué no está otro en tu lugar, alguien que hubiera sabido hacerlo mejor desde un principio. Pero no, eres tú la que está ocupando ese pequeño lugar en el universo, y que no sabe cómo hacer uso de su privilegio.
Puedo pasarme horas mirando a un punto fijo en la pared, y no sentir nada. Vacío. Como si el tiempo se hubiese detenido para mí, sólo que, para el resto del mundo, las agujas del reloj siguen cambiando de hora. Es... como ir en un tren sin saber el destino, y ver al resto de pasajeros con sus maletas y sus cascos del ipod, y ver cómo se van bajando en diferentes paradas mientras tú esperas la tuya. Sólo que no llega. Nunca llega. Y vuelves a preguntarte por qué. Por qué tú, qué hiciste mal, o qué no hiciste bien. Y la respuesta a tus preguntas tampoco llega.
Verte sumida en un círculo vicioso que gira y gira sin sentido es horrible, pero aún peor es verte sumida en un círculo vicioso y no poder hacer nada. Lo peor de una mala situación es no poder cambiarla. Y sí, hay otras cosas, cosas buenas que superan las malas, pero las malas ganan por dentro. Lo que no se ve es lo que más duele, dicen. Es solo que a veces me faltan fuerzas y me puede la amargura. Las voces reales desaparecen y sólo tengo oídos para aquellas que yacen en mi interior y que de vez en cuando despiertan de forma intensa y voraz, y me deboran dejándome débil y sumisa a ellas. A veces, sólo escucho música con la luz apagada, fingiendo que es de noche, y que todos están dormidos y en silencio, aunque en el fonde sepa que es mentira y que me estoy engañando a mí misma. Es para no sentirme viva, para esconderme del mundo y esconderme de mí. Para dormir esas voces interiores que tanto gritan y tanto molestan.
Y cuando me siento así, pienso en esas cosas buenas, pienso en aquello que me hace sentir especial, única a mi manera, aquello que hace que me olvide de todo y que además no sea en vano.
Por eso quiero tatuármelo en la piel. Quiero llevar conmigo aquello que me llevó consigo durante tanto tiempo. eso que me quitó cosas pero me brindó otras. Quiero llevarlo en la piel de por vida, y cuando me sienta así, podré mirarlo y recordar que tengo motivos por los que luchar, por los que no rendirme y por los que sentirme orgullosa. Para que no se me olvide quién soy.
viernes, 5 de diciembre de 2014
Y que le jodan a las miradas de la gente.
Estoy completamente perdida, preguntándome a mí misma cuáles son mis metas, dónde estoy y dónde quiero ir . Y la verdad, no lo sé.
No sé qué quiero, y por mucho que cierre los ojos para imaginarme en un futuro, no veo nada claro.
Sólo veo obstáculos en mi camino que hacen que me plantee si son señales que me alertan de que estoy tomando la dirección equivocada, o son pruebas que se me presentan para ver de qué soy capaz con tal de no rendirme.
Ésta no es la vida que he elegido tener, y desde luego no es la que me gustaría tener en un futuro, y eso, por desgracia, muy poca gente lo entiende. Algunos simplemente se resignan a vivir condenados, como si no estuviese en sus manos cambiar su destino, en todo momento tenemos elección, aunque suene duro, aunque suene remoto y casi imposible, la tenemos. Es cierto que a veces, las circustancias nos hacen tomar decisiones que resultan equívocas, pero al fin y al cabo son decisiones propias. Puede que tengamos que elegir camino demasiado pronto, que no tengamos claro lo que queremos, porque joder, divina juventud alocada, pero es lo que creemos querer. Si en tu futuro te arrepientes, no hay vuelta a atrás, cierto, pero puedes cambiar a partir de ese momento.
Yo soy de esas que creía tenerlo todo claro. Ya sabes, sus metas, sus sueños, su futuro... y a pesar de ser una persona insegura en miles de aspectos, eso siempre lo supe, y ahora dudo. Joder, dudo, a estas alturas... y no sé si busco el camino fácil, o es que realmente las cosas no las tengo claras. No todo el mundo es capaz de saber qué quiere hacer con su vida, es una decisión que va a determinar la misma, por dios, con 17 años qué vamos a saber. Tendríais que ver las caras de los adolescentes asustados en selectividad, o el día que salían las notas. Se olía el miedo en el ambiente, y más de uno lloraba por dentro, y entre todos se miraban como diciendo " tranquilo, sé cómo te sientes, yo también estoy asustado". No sé si es pronto para decidir, pero ahora, que hacemos las cosas casi sin pensar, que somos el drama personificado, ahora... creo que este tipo de decisiones están de más.
Hoy por hoy estoy perdida, pero lo que más me molesta, no, molesta no... lo que más me duele es ver la mirada impasible de la gente cuando me mira, pensando "pobrecita, verás cómo va a acabar".
Que ahora no sepa nada, no significa que no vaya a salir a flote, ni mucho menos significa que vaya a acabar siendo una pobre infeliz, si en el fondo soy transparente, mis ojos hablan por mí, y está claro cuándo estoy feliz y cuándo quiero que la tierra me absorba como a una planta.
El otro día escuché el término "felicidad intermitente", y me pareció tan genial, que tenía que compartirlo. Ya sabéis, mis teorías de la felicidad a ratos por fin tienen un nombre.
La vida es felicidad intermitente a toda costa. Altibajos emocionales, cambios de planes, y cambios de decisiones. Sólo quiero decir que no os asustéis, que está bien tener miedo, pero que los miedos hay que enfrentarlos, que no puedes vivir en una burbuja por temor a fallar o a equivocarte, que si en ese momento quieres algo, consíguelo. Que siempre hay tiempo para cambiar.
Sea lo que sea , ve a por aquello que te haga feliz.
Ésta no es la vida que he elegido tener, y desde luego no es la que me gustaría tener en un futuro, y eso, por desgracia, muy poca gente lo entiende. Algunos simplemente se resignan a vivir condenados, como si no estuviese en sus manos cambiar su destino, en todo momento tenemos elección, aunque suene duro, aunque suene remoto y casi imposible, la tenemos. Es cierto que a veces, las circustancias nos hacen tomar decisiones que resultan equívocas, pero al fin y al cabo son decisiones propias. Puede que tengamos que elegir camino demasiado pronto, que no tengamos claro lo que queremos, porque joder, divina juventud alocada, pero es lo que creemos querer. Si en tu futuro te arrepientes, no hay vuelta a atrás, cierto, pero puedes cambiar a partir de ese momento.
Yo soy de esas que creía tenerlo todo claro. Ya sabes, sus metas, sus sueños, su futuro... y a pesar de ser una persona insegura en miles de aspectos, eso siempre lo supe, y ahora dudo. Joder, dudo, a estas alturas... y no sé si busco el camino fácil, o es que realmente las cosas no las tengo claras. No todo el mundo es capaz de saber qué quiere hacer con su vida, es una decisión que va a determinar la misma, por dios, con 17 años qué vamos a saber. Tendríais que ver las caras de los adolescentes asustados en selectividad, o el día que salían las notas. Se olía el miedo en el ambiente, y más de uno lloraba por dentro, y entre todos se miraban como diciendo " tranquilo, sé cómo te sientes, yo también estoy asustado". No sé si es pronto para decidir, pero ahora, que hacemos las cosas casi sin pensar, que somos el drama personificado, ahora... creo que este tipo de decisiones están de más.
Hoy por hoy estoy perdida, pero lo que más me molesta, no, molesta no... lo que más me duele es ver la mirada impasible de la gente cuando me mira, pensando "pobrecita, verás cómo va a acabar".
Que ahora no sepa nada, no significa que no vaya a salir a flote, ni mucho menos significa que vaya a acabar siendo una pobre infeliz, si en el fondo soy transparente, mis ojos hablan por mí, y está claro cuándo estoy feliz y cuándo quiero que la tierra me absorba como a una planta.
El otro día escuché el término "felicidad intermitente", y me pareció tan genial, que tenía que compartirlo. Ya sabéis, mis teorías de la felicidad a ratos por fin tienen un nombre.
La vida es felicidad intermitente a toda costa. Altibajos emocionales, cambios de planes, y cambios de decisiones. Sólo quiero decir que no os asustéis, que está bien tener miedo, pero que los miedos hay que enfrentarlos, que no puedes vivir en una burbuja por temor a fallar o a equivocarte, que si en ese momento quieres algo, consíguelo. Que siempre hay tiempo para cambiar.
Sea lo que sea , ve a por aquello que te haga feliz.
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Diciembre Dulce
Tengo la certeza de que existe ese algo único e inexplicable, ese vínculo infinito con la vida que te lleva a lo más alto en cuestión de segundos. He aprendido a engañar aún sabiendo que soy engañada, a jugar al mismo juego, y a jugar mejor. He aprendido que la vida no te da lo que mereces, pero te pone pruebas para saber si lo mereces. He aprendido que hay cosas que se nos presentan de forma inesperada y que sin ser el ombligo de nuestro día a día nos hacen felices y plenos. He aprendido a no rendirme. Diciembre dulce, bienvenido. Tengo muchas esperanzas puestas en ti, no me falles. No dejes que esta vez me de la ostia. Diciembre dulce de cumpleaños, de marcas en la piel de por vida, pero sobre todo diciembre de escenarios. Posiblemente si me pregunten en qué lugar soy más feliz no sabría contestar de improvisto, pero ahora os puedo decir que soy feliz sobre un escenario. Desafiando al público con la mirada, casi sin distinguir sus caras, aun sabiendo que sus ojos están puestos sobre mí. Los nervios previos a salir a escena, los imprevistos que surgen en los camerinos, las lágrimas derramadas y el esfuerzo en los ensayos, reflejados en unos minutos de bendita gloria. Y los aplausos... Definitivamente bienvenido Diciembre y todas tus sorpresas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)